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Experiencias Viajeras de Austrohungría

Otra Experiencia Viajera  por CentroEuropa cargada de sentimiento y descubrimientos #PostViajero.

Museo de historia del Arte_Viena Biblioteca Nacional de Viena

Existen tantas formas de viajar como personalidades pueda desarrollar el ser humano. Por eso quizás, escribir sobre la experiencia de un viaje es describir siempre el despliegue de un momento presente y único, no comparable a ningún otro. Incluso si uno de nosotros viaja dos veces a un lugar exacto, nunca tendrá las mismas sensaciones respecto al mismo; y, esto es precisamente, lo más maravilloso y extraordinario de la experiencia que supone el viajar. Pues bien, en este mismo momento, estoy inmerso en uno de estos procesos de múltiples y nuevas percepciones que el viajar de nuevo a un lugar ya explorado, se nos ofrece al viajero. A mediados de verano, tuve la oportunidad de viajar a pleno corazón del antiguo imperio austrohúngaro; asentando mi campo base en la bella ciudad de Viena. En ella pude conocer y visitar su cara más visible al mundo, incluyendo su ópera, biblioteca, sus salas de concierto clásicas, la Viena la decimonónica del neoclasicismo y lo ecléctico… también, sus magníficos museos y los palacios de verano, Belvedere, y de invierno, Schönbrunn, de la época de mayor esplendor imperial. Sin embargo, es fácil verse llevado por la inercia del turismo más frío e impersonal si uno no empieza a abrir sus propios ojos, prestar atención y darse cuenta de las cosas por uno mismo; a buscar ese punto de vista personal, crítico, de la transformación que el viaje puede hacer en nosotros. Graffiti en canal del Ring_VienaCentral Térmica Spittelau_Viena

Una de las ventajas de tomar como punto de llegada la ciudad de Viena, es que tenemos la posibilidad de acceso relativamente rápido, por varios medios de comunicación, a varios países colindantes de gran belleza. Muy próximas se encuentran ciudades como Budapest, Bratislava, Praga, Brno, Trieste… y, sobre todas, he de destacar la gran desconocida, Liubliana, la capital de Eslovenia, un país tan poco conocido como bello e interesante para visitar. La capital posee una esencia romántica que se respira en el aire, con una arquitectura cargada de un romanticismo neoclásico que nos envuelve al recorrer sus seductoras calles, puentes, río, canales y su castillo medieval. Otra de las fortalezas que posee a parte, el país esloveno, es un potente entorno natural para el disfrute de la naturaleza y los deportes relacionados con ella; tenemos que tener en cuenta que la última parte de los Alpes llega hasta aquí, son los llamados Alpes Julianos. En relación a esto, me ha enamorado, sobremanera, la comarca de Bled, la cual despliega ante nosotros paisajes de una belleza natural fuera de todo lugar y comparación. Lago Bled_EsloveniaPlaza Schwarzenbergplatz Concluido este primer viaje al corazón de la vieja Europa, me encuentro, pasados unos meses y en pleno otoño, de nuevo en Viena; esta vez por motivos profesionales que me han llevado a descubrir una ciudad muy diferente a la estival. Una Viena que adquiere su carácter de ciudad para sus ciudadanos y no tanto para el turista. Es la Viena para los vieneses. A nivel cultural, los museos ofrecen exposiciones de gran calado internacional, la ópera, teatros y salas de conciertos acogen las más interesantes propuestas musicales; la gastronomía se enriquece y la ciudad se abre al ciudadano; pero también, al que, como apuntaba al inicio, desea perderse en la ciudad y descubrirla a través de su intuición, de sus sensaciones, de sus pálpitos… actuando como un auténtico flâneur, acertado término que los franceses utilizan para designar una forma de viajar o recorrer las ciudades, que consiste en una especie de vagar por las calles, callejear sin rumbo, sin objetivo, abierto a todas las vicisitudes y las impresiones que le salen al paso.

Nelson Bardón

Ayalga Viajes

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