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Aventuras desde Pakistan de Alberto Campa y Blas Martinez

Nuestro amigo trotamundos Alberto Campa comparte sus Aventuras desde PAKISTAN, un viaje en compañía de Jose Blas Martinez y Tinuku Loku.Aquí os dejamos sus reflexiones y su día a día, no dejéis de seguirles en su caminar.AVENTURAS POR PAKISTAN

ISLAMABAB – CHILAS ( en busca del Indo)

«Dicen del Indo que es el padre de todos los ríos, e importante ha de ser cuando su nombre va ligado a todo un subcontinente del que este Pakistán también formó políticamente parte antes de la descolonización inglesa.

Pues sería ya en este día, en el que estos tres «lores» astures irían en su búsqueda para con él, ir acercándose a las imponentes montañas pakistaníes.Por supuesto que aunque fuera una jornada rutera, había que cargar gastronómicas baterías, y por estos lares el preparado desayuno para los lores es contundente.

Quien me iba a decir a mí que, pocos minutos después de levantarse a las cuatro y media de la mañana, iba a estar desayunando pote de garbanzos entre otras guisadas cosas. Riquísimos guisos de «Chana» y «Chola», como aquí llaman a la especie de «falafel» turco, al igual que el «dalmash» que probariamos al mediodía, un típico plato de cocinadas lentejas pakistaníes.

Ya con bien recargado cuerpo y sin todavía ir destrozando mucho el alma con tanta curva y contracurva de sinuosas carreteras, comenzaríamos esta etapa que se alargó hasta las casi doce horas que nos llevaría llegar a Chilas.

Salimos de Islamabab utilizando la buena, ancha y bien diseñada autopista que se dirige hacia Pensawar y la frontera con Afganistán, para luego abandonarla cerca de Havellian, tomando dirección Abbortabab e ir adentrándonos hacia el valle de Naran, circulando junto a la frontera de la disputada región de Cachemira y su capital del área pakistaní, Muzaffarabab.

COMENZANDO VIAJE A PAKISTAN ALBERTO CAMPA 1

Paradina a media mañana para estirar piernas en sencillo puesto de carretera donde muestro a mis compis como los habilidosos panaderos de Asia Central elaboran su riquísimo pan «roti», el cual tras estirar su masa sobre molde previamente mojado, lo pegan a las paredes superiores del interior redondo horno de ascuas. Justo antes de que por su justa cocción se despegue y caiga, es habilidosamente sacado a bandejas de mimbre, y con forma de rica pizza, llevado a la mesa de los comensales.
Seguimos viajando en japonés Toyota con Ikram y Merfouce, quienes recorren incesantemente estas carreteras durante todo el verano y que nos acompañan al montañoso norte pakistaní.

En la carretera, con constantes zonas de habituales desprendimientos de roca debidos a las grandes torrenteras de agua que se forman y que desaguan al cauce del paralelo río atravesando la vía, vamos viendo cada vez más camiones y autobuses locales perfectamente tuneados con adornos de vivos colores, como ya había tenido oportunidad también de ver yo, en las vecinas Nepal e India.

La carretera serpentea entre cada vez más altas montañas y por los amplios valles, rebaños de cabras y vacas son guiadas por sus pastores hacia mejores pastos, cuando comenzamos a ver los primeras altas nieves perpetuas y glaciares, que nos indican que ascendemos rápido.
Pasada la población de Naran hacemos parada para comida en Resort de carretera con literas y almohadones para descanso y estiramiento de cuerpo y alma, y probamos el muy especiado cordero guisado, acompañado de arroz Basmati, tintado de también bastante picante curry.

Viendo como otros conductores y locales aprovechan para quitar de delante uno de sus obligatorios cinco rezos musulmanes del dia, continuamos ruta hacia uno de los puntos más impresionantes de la etapa. Se trata del paso de Babusar, que con sus 4.173 metros de altura es uno de los más altos de las carreteras de Asia Central, pero superado todavía en la frontera chino pakistaní de la Karakorum Highway por el de Khunjerab que llega a los 4.600 m.

PAKISTAN ALBERTO CAMPA

Tras parada para sentir la fatigada respiración por la altura, y además fotografíar el gran valle que nos llevaría al encuentro del río Indo y la parte central de esa Karakorum High Way, guapo descenso con repetidas curvas de 180 grados, que se asemejan como veis en la compartida foto, a la también espectacular Sa Calobra mallorquina.

Más abajo la carretera sigue desgarrandose por los desprendimientos de grandes rocas y tras intuir a nuestra derecha el gran macizo del Nanga Parbat llegariamos a la tribal Chilas.

Nos encontramos en una de esas zonas tradicionalmente llamadas ingobernables, justo entre las ancestrales regiones de Kohistan y Gilgit Baltistan, y que históricamente sus pueblos se han mantenido fieles a sus costumbres y tradiciones, no dejándose influenciar demasiado por los nuevos gobiernos, pero a los que inevitablemente el en aumento turismo de trekking y montaña ha ido moldeando su carácter.

En Chilas son bastantes los hospedajes y hoteles que ofrecen alojamiento a tantos viajeros y montañeros, que en este lugar encuentran el punto intermedio de descanso de esta larga Karakorum Highway.

Dándonos una vuelta al caer la noche por entre los puestos de venta de almendras, nueces y demás frutos secos, vemos el discurrir de las grisaceas aguas del importante río Hindo, y regresamos a nuestro agradable Panorama hotel, entre guardas locales armados que tratan de dar un mayor aire de seguridad a la zona.

Aún hubo tiempo para música y baile con locales pakistaníes que se divertían mostrando sus dotes para ser seleccionados por «Mira quien baila«. Blasky y Tino se unieron a la fiesta bailonga, y fueron ampliamente ovacionados por los pakistaníes, que vieron en ellos a uno de los posibles ganadores de la edición de este año en Baltistán…

Cenina, ducha y cama, y hasta mañana para todo@s nuestros amigables amigos del otro lado del ciberespacio.»

Mañana más …

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